El reciente triunfo electoral de la ultraderecha en Colombia, con Abelardo de la Espriella, ha generado temor y frustración entre los movimientos sociales, quienes esperaban la continuidad de las políticas progresistas de Gustavo Petro. Según Raúl Zibechi, tras visitar cinco procesos organizativos en Bogotá y un espacio educativo, los movimientos expresaron miedo ante el discurso militarista del nuevo gobierno, especialmente las mujeres. Se evidenció frustración con el partido Pacto Histórico y acusaciones de traición por parte de algunos líderes sociales, quienes señalan que el poder corrompe. Un referente misak del Cauca afirmó que la Constitución de 1991 limitó el avance indígena. A pesar del pesimismo, los participantes aseguraron que continuarán resistiendo y profundizando el debate para limitar el poder. En Suacha y Kennedy, se registró un clima de resistencia entre jóvenes y las Madres de Falsos Positivos, quienes buscan a sus hijos desaparecidos por el Ejército. La crisis de liderazgos y la necesidad de construir poder territorial fueron temas centrales en Usme, donde jóvenes trabajan en talleres artísticos y culturales. Los movimientos sociales se sienten debilitados tras cuatro años de gobierno progresista y expresan preocupación por su autonomía.
Paralelamente, el Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha registrado varios sismos en el territorio colombiano el 18 de septiembre de 2026. Se reportaron temblores en Istmina (Chocó) con magnitud de 2.5 y 3.2, Buenaventura (Valle del Cauca) con magnitud de 3.4, El Cairo (Valle del Cauca) con magnitud de 2.0, Sipí (Chocó) con magnitud de 3.1, y Becerrill (Cesar) con magnitud de 2.1. El SGC cuenta con 339 estaciones sísmicas, 206 a nivel nacional y 133 en volcanes activos. Se explica que la magnitud mide la energía liberada, la intensidad el impacto en personas y estructuras, y que se reportan varias magnitudes debido a la llegada de datos de diferentes sensores. Los sismos no se pueden predecir, pero los sismógrafos detectan los movimientos del suelo en tiempo real.
Our reading is that the election result has created a palpable sense of anxiety and disillusionment within Colombian social movements, who feel vulnerable under a hard-right government after a period of perceived progress. The reported distrust even extends *within* the progressive coalition that previously held power, suggesting internal fractures and a loss of faith in established political channels. While the movements express determination to continue their work, the article highlights a feeling of weakness and a need to rebuild strategies for territorial power.
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