La visita del rey Felipe VI a Ceuta y Melilla, la primera de un monarca español en dos décadas, se produce en un contexto de tensiones con Marruecos, que reivindica la soberanía sobre ambas ciudades. El viaje, que tiene lugar menos de tres meses después de la crisis migratoria en Ceuta, donde más de 80.000 personas cruzaron la frontera desde Marruecos, ha provocado reacciones en Rabat, donde se convocan actos de protesta. En 2007, una visita similar de Juan Carlos I y Sofía desató una crisis diplomática que incluyó la retirada del embajador marroquí en Madrid y la condena pública del rey Mohamed VI.
El gobierno marroquí considera que la presencia del monarca español en Ceuta y Melilla trasciende lo protocolario, ya que desde su independencia en 1956 reclama ambas ciudades como parte de su territorio nacional. España rechaza cualquier cuestionamiento de su soberanía, recordando que ambas ciudades forman parte de su territorio y de la Unión Europea. El precedente de 2007 se repite, con Marruecos llamando a consultas a su embajador en Madrid el 2 de noviembre, calificando la visita de “lamentable” y utilizando el término “ciudades ocupadas”. También se suspendieron reuniones bilaterales de alto nivel y el propio rey Mohamed VI condenó públicamente el viaje.
A diferencia de 2007, la actual visita se produce tras una crisis que también ha afectado a la seguridad fronteriza y marítima, con incursiones de buques de la Marina Real marroquí en aguas que España considera bajo su soberanía. Pedro Sánchez ha confirmado estos incidentes. La crisis migratoria y las reivindicaciones territoriales marroquíes marcan el escenario de esta visita, que busca normalizar la relación bilateral tras un periodo de tensiones.
Nuestra lectura es que la visita del rey Felipe VI a Ceuta y Melilla es un acto deliberado que, aunque busca normalizar las relaciones, inevitablemente exacerba las tensiones preexistentes con Marruecos. La repetición de la crisis diplomática de 2007, con la convocatoria a consultas del embajador marroquí, sugiere que el gobierno español anticipaba una reacción negativa y que la visita se realizó a pesar de ello. La crisis migratoria y las incursiones marítimas recientes complican aún más el contexto, indicando una relación bilateral frágil y propensa a la escalada.
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