Los comicios israelíes del martes han resultado en una derrota para el primer ministro Benjamin Netanyahu, aunque no le impiden continuar en el poder. El bloque liderado por Netanyahu obtuvo 53 escaños en el Parlamento de 120, frente a los 66 de la oposición, según el escrutinio al 92%. El partido Likud, de Netanyahu, fue el más votado con 26 escaños. Aunque este resultado representa una disminución con respecto a los 64 escaños que obtuvo su bloque en las elecciones de 2022, Netanyahu ha señalado que la mayoría de los escaños de la oposición provienen de partidos que no se consideran “sionistas”, refiriéndose a los partidos árabes que representan al 20% de la población y que obtuvieron un resultado histórico de 19 escaños. El primer ministro acusó a estos partidos de oponerse a la existencia de Israel y de considerar a Hamás una organización benéfica, afirmaciones que la oposición niega. Dos partidos de la coalición opositora, liderados por Naftalí Bennett y Avigdor Lieberman, comparten puntos de vista similares a los de Netanyahu con respecto a los palestinos, a pesar de su oposición al primer ministro. El resultado electoral deja a Netanyahu con margen de maniobra para continuar en el poder, formar un gobierno en funciones o esperar a nuevas elecciones en un plazo de seis meses. El periódico El País destaca que Netanyahu ha explotado el temor a un Irán nuclear y el racismo hacia los árabes para obtener apoyo, mientras que El Diario informa que 126 diputados de un Parlamento de 120 escaños desean que Netanyahu sea juzgado por corrupción y que se forme una comisión de investigación independiente sobre el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023.
Nuestra lectura es que, aunque Netanyahu ha sufrido una derrota electoral significativa, su posición no es insostenible. La fragmentación del bloque opositor y las similitudes ideológicas entre algunos de sus líderes y Netanyahu le ofrecen opciones para negociar o mantener el poder, a pesar de las acusaciones de corrupción que pesan sobre él. Parece que la polarización política y el uso de narrativas sobre seguridad y etnia han sido factores clave en esta elección.
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