Benjamín Netanyahu ha denunciado intentos de "robar" las elecciones israelíes, mientras que los resultados preliminares sugieren un avance de la oposición liderada por Yashar, aunque el Likud podría seguir siendo la primera fuerza política. La participación electoral alcanzó un récord del 74,3% a las 20:00 hora local, la cifra más alta desde 1988. Netanyahu realizó estas declaraciones tras reportes de papeletas de la Lista Árabe Unida encontradas con dinero en Beersheba. El primer ministro también solicitó una extensión del horario de cierre de los colegios electorales.
Según las últimas encuestas, Yashar podría obtener 23 escaños, superando por poco a Netanyahu. Gadi Eisenkot, líder del partido de Yashar, comenzó el día en el kibutz Nir Oz, uno de los más afectados por el ataque de Hamás del 7 de octubre, junto a un ex rehén. Mientras tanto, Itamar Ben Gvir, líder del partido de extrema derecha Poder Judío, votó en Kiryat Arba y advirtió que una victoria de la oposición podría llevar a un gobierno con Mansour Abbas, de la formación árabe Ra’am. Bezalel Smotrich, desde la colonia de Kedumim, instó a no desperdiciar votos en partidos que no superen el umbral electoral.
La oposición promete un cambio histórico. El ex primer ministro Naftali Bennett afirmó que la nación israelí se movilizó para salvar el país tras el ataque del 7 de octubre y ahora busca hacerlo nuevamente. Avigdor Lieberman, líder ultranacionalista, pidió poner fin a la era de Netanyahu y al dominio ultraortodoxo. Yousef Jabareen, líder de la Lista Conjunta, prometió apoyar desde fuera cualquier gobierno que pueda reemplazar a Netanyahu.
Aunque la oposición celebra el avance, existe preocupación por la posibilidad de que el Likud siga siendo la primera fuerza política, dificultando la formación de un gobierno alternativo. El recuento se espera largo y ajustado.
Nuestra lectura es que, aunque la oposición liderada por Yashar parece estar ganando terreno, la denuncia de fraude de Netanyahu y la posibilidad de que el Likud siga siendo el partido más grande sugieren que la formación de un nuevo gobierno podría ser complicada y prolongada. La alta participación electoral indica un fuerte deseo de cambio, pero también podría reflejar una polarización política que dificulte el consenso. Observamos una tensión entre el deseo de renovación expresado por figuras como Bennett y Lieberman, y las advertencias de la extrema derecha sobre un posible gobierno con elementos árabes.
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