El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado su Atlas de Distribución de Rentas de los Hogares correspondiente a 2024, revelando una marcada diferencia entre el norte rico y el sur más pobre de España. La renta neta media por persona en 2024 fue de 15.948 euros, un 6,1% más que en 2023, y la renta neta media por hogar alcanzó los 40.605 euros, con una mejora del 5,9% respecto al año anterior. Gipuzkoa lidera la renta per cápita con 20.790 euros, seguido de Bizkaia (19.858 euros) y Madrid (19.277 euros), mientras que Almería (12.244 euros), Huelva (12.765 euros) y Jaén (12.835 euros) se encuentran en la parte inferior. A nivel municipal, Pozuelo de Alarcón (Madrid) destaca con 32.612 euros de renta neta anual media por habitante, seguido de Matadepera (Barcelona) con 28.607 euros y Boadilla del Monte (Madrid) con 28.382 euros. En contraste, Iznalloz (Granada), El Palmar de Troya (Sevilla) y Albuñol (Granada) presentan las rentas más bajas, con 9.153, 9.321 y 9.343 euros respectivamente.
El INE también señala que la mejora de las rentas en los municipios más pobres fue significativamente menor, alrededor de 800 euros, en comparación con los aproximadamente 2.000 euros registrados en los municipios más ricos. El 90% de los municipios vascos se encuentran entre el 25% de la población con mayor renta de España, seguido por Navarra (71%), Baleares (46%) y Cataluña (44%). En Cataluña, Barcelona registra una renta media por habitante de 17.884 euros, mientras que Girona, Lleida y Tarragona se sitúan por debajo de la media estatal, con 15.986, 15.608 y 15.296 euros respectivamente. Madrid ha experimentado una mejora media de las rentas superior a los 1.100 euros, ampliando la brecha con Cataluña. Además, se observa que los barrios ricos de Madrid mantienen una desigualdad más alta y duradera, y desarrollos urbanísticos en la costa también presentan bolsas de inequidad.
Nuestra lectura es que, a pesar de un aumento general en las rentas a nivel nacional, las disparidades territoriales y socioeconómicas en España persisten e incluso se acentúan. Los datos del INE revelan una clara división entre las regiones del norte, más prósperas, y las del sur, con rentas significativamente más bajas. Además, la mejora económica no se distribuye equitativamente, beneficiando más a los municipios y barrios ya ricos que a los más desfavorecidos, lo que consolida las desigualdades existentes.
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