La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) recomendó en 2024 adoptar medidas técnicas y reforzar los protocolos de seguridad ferroviaria tras identificar una vulnerabilidad recurrente: la dependencia de la verificación humana cuando fallan los sistemas automatizados. Un informe de la CIAF, elaborado a raíz de un incidente ocurrido el 25 de junio de 2024 en Cuenca, donde un AVE rebasó una señal de parada, y tras analizar el accidente de Urda, señala que la comprobación visual por parte del Responsable de Circulación es “susceptible de fallar”. En el incidente de Cuenca, el maquinista confundió el aspecto de la señal, pero el responsable de circulación autorizó la continuación del viaje. El sistema TRIP frenó automáticamente el tren, pero ninguno de los dos había identificado el rebase. El informe subraya que, en situaciones donde la automatización falla, la seguridad depende de la autorización humana, y la falta de una restricción técnica automática puede escalar hasta una colisión. La CIAF recomienda reforzar la ergonomía de las señales, los protocolos tras un frenado automático (TRIP) y la implantación del ERTMS Nivel 2. El informe de 2025 pide medidas para mitigar fallos humanos tras un incidente similar al de Urda.
La CIAF documentó una recurrencia de rebases similares, lo que llevó a la recomendación de adoptar medidas técnicas para mitigar el riesgo de colisión. El informe destaca que la única barrera efectiva en Cuenca fue la comprobación visual del Responsable de Circulación, una barrera que, al depender completamente del factor humano, es inherentemente falible. La comisión ya había realizado recomendaciones similares en 2024, tras el incidente en Cuenca, con el objetivo de reforzar la seguridad ferroviaria y prevenir futuros accidentes.
Nuestra lectura es que el informe de la CIAF señala una preocupante dependencia de la capacidad humana para compensar las fallas en los sistemas automatizados de seguridad ferroviaria. Consideramos que la identificación de esta vulnerabilidad, reiterada tras incidentes como los de Cuenca y Urda, implica la necesidad urgente de reforzar la automatización y reducir la posibilidad de error humano en situaciones críticas. La constatación de que la única barrera efectiva en Cuenca fue la comprobación visual, inherentemente falible, subraya la gravedad de la situación.
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