Fósiles de China revelan el paisaje sonoro del período Jurásico, permitiendo a los científicos recrear las canciones de parientes antiguos de los grillos saltamontes. La investigación, liderada por Jun-Jie Gu, demuestra que estos insectos se comunicaban a través de vibraciones de las alas, produciendo llamadas de apareamiento distintas.
Los restos de estos insectos antiguos fueron descubiertos en la región de Daohugou en la zona rural de China, un paisaje caracterizado por bosques cálidos y húmedos, helechos gigantes y coníferas antiguas durante el período Jurásico, hace entre 200 y 145 millones de años. Los fósiles pertenecen a los ensiferanos, el grupo que abarca a los grillos saltamontes, los grillos y los grigs. Los investigadores analizaron las estructuras de las alas para comprender cómo estos insectos producían sonido.
Según el biofísico Fernando Montealegre-Zapata de la Universidad de Lincoln en Inglaterra, las alas funcionan como "el violín de la naturaleza". Un ala presenta dientes microscópicos, y un rascador en la ala opuesta golpea estos dientes durante el cierre del ala, generando vibraciones amplificadas por la propia ala. Este proceso crea una "sílaba", la unidad fundamental del sonido. Al simular la acústica de las alas para 20 fósiles que representan nueve especies extintas – considerando el espaciamiento de los dientes, el tamaño de las alas y el área vibratoria – el equipo reconstruyó las llamadas de los insectos.
Para validar su metodología, los investigadores reprodujeron las llamadas de los grillos saltamontes, los grillos y los grigs modernos utilizando fotos de sus alas, confirmando que las mediciones necesarias para la determinación del sonido se pueden obtener a partir de imágenes de alas 2-D. El ritmo de estas sílabas sigue siendo incierto, por lo que el equipo utilizó un modelo de aprendizaje automático entrenado con datos de ensiferanos vivos, relacionando la forma del cuerpo, el tamaño y la temperatura con los patrones de llamada. Aplicando la temperatura de la selva jurásica, simularon el coro antiguo de insectos.
Roy Plotnick, un paleobiólogo de la Universidad de Illinois Chicago que no participó en el estudio, describió el trabajo como "muy emocionante", señalando la capacidad del equipo para demostrar que cada especie poseía un sonido único, potencialmente utilizado para el reconocimiento del compañero.
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