Un ataque de los rebeldes hutíes contra un campo de entrenamiento militar en la provincia de Shabwa, Yemen, mató al menos a 53 efectivos gubernamentales e hirió a 200 el lunes, marcando uno de los ataques más mortíferos en un reciente aumento de la violencia. Los hutíes, respaldados por Irán, atacaron el campo de al-Alam con tres misiles balísticos mientras los reclutas se preparaban para el entrenamiento. El ataque destrozó un acuerdo de alto el fuego de 2022 y provocó la promesa de una "respuesta firme" por parte de Rashad al-Alimi, jefe del Consejo de Liderazgo Presidencial gobernante.
El ataque ocurrió en Shabwa, una provincia rica en energía, y colapsó los hospitales locales, obligando al traslado de personal gravemente herido a instalaciones en otras provincias, según Fahad al-Khalifi, vicegobernador de Shabwa. Funcionarios militares informaron inicialmente de 30 muertes, pero la cifra aumentó a lo largo del día, y Associated Press reportó 53 víctimas mortales. Los hutíes confirmaron la responsabilidad del ataque.
Los combates entre los hutíes y el gobierno yemení respaldado por Arabia Saudita han persistido durante años, con una intensidad renovada vinculada a la guerra estadounidense-israelí contra Irán y otros factores regionales. El ataque del lunes siguió a varios enfrentamientos durante el fin de semana en zonas controladas por los hutíes, que estos últimos atribuyen a las fuerzas lideradas por Arabia Saudita. Los soldados muertos y heridos eran reclutas de una nueva fuerza de Intervención Rápida destinada a defender la zona local.
Nuestra lectura es que este ataque representa una escalada significativa en el conflicto yemení, socavando potencialmente el ya frágil alto el fuego de 2022. La reclamación explícita de responsabilidad por parte de los hutíes y la magnitud de las bajas sugieren un ataque deliberado contra las fuerzas gubernamentales, más que una violencia oportunista. El vínculo que establece el artículo entre este aumento de la violencia y las tensiones regionales más amplias, específicamente la guerra estadounidense-israelí contra Irán, sugiere que este no es un incidente aislado, sino parte de un patrón más amplio de conflicto por delegación.
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