Un nuevo estudio revela una conexión entre el tiempo frente a las pantallas a las edades de 1 y 6 años y posibles consecuencias en el desarrollo más adelante en la vida. Los investigadores encontraron que una mayor exposición a las pantallas durante la infancia y al comienzo de la escuela se correlacionó con un rendimiento académico más bajo y habilidades de memoria de trabajo más débiles en los niños años después. Los hallazgos sugieren que la primera infancia puede representar un período crítico en el que los hábitos relacionados con las pantallas pueden tener efectos duraderos.
Según la investigación, más tiempo frente a las pantallas durante la infancia y al comienzo de la escuela se vinculó con un rendimiento académico más bajo y una memoria de trabajo más débil años después. El estudio no especificó el *tipo* de tiempo frente a las pantallas, solo la *cantidad*.
Los hallazgos sugieren que la primera infancia puede contener ventanas particularmente sensibles en las que los hábitos relacionados con las pantallas pueden tener efectos más duraderos. Los investigadores creen que esto se debe al rápido desarrollo cerebral que ocurre durante estos años formativos. Si bien el estudio establece una correlación, no prueba la causalidad, lo que significa que no puede afirmar definitivamente que el tiempo frente a las pantallas *cause* estos problemas, solo que existe una asociación.
Esta investigación destaca la importancia de considerar los límites de tiempo frente a las pantallas y el contenido para los niños muy pequeños. Se necesita más investigación para comprender completamente los mecanismos detrás de estas conexiones observadas y para desarrollar pautas basadas en evidencia para un uso saludable de las pantallas en la primera infancia.
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