Un nuevo estudio desafía la creencia arraigada de que los quemadores Bunsen esterilizan los espacios de trabajo de laboratorio, encontrando que son ineficaces e incluso pueden empeorar la contaminación. La investigación, liderada por Hannah Gavin, microbióloga del Providence College en Rhode Island, reveló que los quemadores no eliminan las bacterias en el aire y podrían contribuir a su propagación.
Durante casi dos siglos, los quemadores Bunsen han sido un elemento básico en los laboratorios de biología y química, tradicionalmente considerados como creadores de corrientes de convección que arrastran las partículas que contienen microbios. Sin embargo, Gavin no encontró evidencia experimental que respalde esta afirmación. Ella afirmó que la falta de evidencia “permitió la propagación de todas estas hipótesis, teorías, leyendas en torno al quemador Bunsen”.
El estudio involucró la contaminación deliberada de los bancos de laboratorio con *Gordonia rubripertincta*, una bacteria de color naranja brillante fácilmente visible en placas de Petri. Los investigadores sembraron el aire con la bacteria rociando líquido o sacudiendo toallas impregnadas de bacterias. Luego, compararon el crecimiento bacteriano en placas de Petri colocadas cerca de un quemador Bunsen activo con aquellas cerca de uno inactivo. Los resultados mostraron que los quemadores no redujeron el asentamiento bacteriano y pueden haberlo aumentado.
Amir Mitchell, un biólogo de sistemas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts Chan en Worcester, sugirió que los hallazgos podrían ser “el clavo en el ataúd” para el uso de los quemadores en los laboratorios de biología. Los hallazgos del estudio podrían alimentar el debate sobre el uso continuo de este dispositivo tradicional en los laboratorios modernos.
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