El deshielo del permafrost ártico está liberando carbono antiguo en el océano, lo que genera preocupación por su potencial para exacerbar el cambio climático. Sin embargo, nueva investigación indica que una parte significativa de este carbono está siendo capturado por el lecho marino en lugar de convertirse en gases de efecto invernadero.
Los científicos han estado preocupados de que a medida que se descongela el permafrost ártico, liberará grandes cantidades de materia orgánica previamente congelada – carbono antiguo – en el océano. El temor era que los microbios descompondrían este carbono y lo transformarían en gases de efecto invernadero como dióxido de carbono y metano, acelerando el cambio climático. Los hallazgos recientes ofrecen una perspectiva más optimista.
Los investigadores analizaron núcleos de sedimentos recolectados cerca de la isla Herschel en Canadá para comprender el destino de este carbono terrestre. Su análisis reveló que la mayor parte del carbono antiguo se entierra en el lecho marino. Según el estudio, aproximadamente el 10 por ciento se convierte en gases, mientras que la gran mayoría permanece atrapada dentro del sedimento.
La investigación proporciona una información crucial sobre el ciclo del carbono ártico y su impacto en los patrones climáticos globales. Si bien la liberación de cualquier gas de efecto invernadero del permafrost en deshielo es preocupante, los hallazgos sugieren que el lecho marino actúa como un importante sumidero de carbono, mitigando algunos de los posibles efectos del calentamiento.
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