Científicos de la Universidad de California, Santa Cruz, han determinado que el depredador norteamericano extinto conocido como “guepardo” americano (Miracinonyx trumani) no era un guepardo verdadero, sino un pariente cercano del puma. Nueva evidencia genómica e isotópica revela un animal sorprendentemente adaptable que prosperó en diversos entornos, incluido el Ártico, donde complementó su dieta con pescado.
La investigación, publicada el 4 de septiembre en *Current Biology*, extiende el rango conocido de *M. trumani* aproximadamente 20 grados de latitud más al norte de lo que se entendía previamente. Si bien el animal vivía como un depredador generalista en pastizales templados como los de Wyoming y Florida, las poblaciones del norte en el Yukón parecen haber dependido en gran medida del consumo de pescado, potencialmente incluyendo el salmón. Los adultos promediaban alrededor de 150 libras de peso, medían aproximadamente 3 pies de altura y alrededor de 8 pies de largo.
Molly Cassatt-Johnstone, candidata a doctorado en el Laboratorio de Paleogenómica de UC Santa Cruz y autora principal del estudio, declaró: “Estos felinos eran notablemente flexibles, muy parecido a los pumas en su área de distribución actual”. El equipo identificó mutaciones de pérdida de función en genes que regulan los ritmos circadianos, lo que sugiere adaptación a los ciclos de luz extremos de las latitudes del norte.
Los hallazgos desafían una teoría largamente sostenida conocida como la hipótesis de los “fantasmas de los depredadores pasados”, que proponía que el pronghorn americano evolucionó su excepcional velocidad como defensa contra un depredador similar a un guepardo. La nueva evidencia genómica indica que *M. trumani* era un cazador más versátil, capaz tanto de persecuciones terrestres como de utilizar sus poderosas extremidades anteriores para capturar presas.
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