La nueva película de Andrew Haigh, “Un Largo Invierno”, ambientada en las Montañas Rocosas a principios de la década de 1950, está recibiendo elogios por su cinematografía y narración. La película, basada en una novela corta de Colm Tóibín, se centra en los hermanos Mikey y Tom y sus padres, Lester y Louise.
Los elementos visuales de la película, capturados por André Turpin, se describen como vívidos e inmersivos, yendo más allá de ser simplemente “bonitas imágenes”. La cinematografía se destaca por su capacidad para desarrollar la acción con “inquietud y suspense brillantes”, funcionando como partes integrales de la narrativa. La película se describe como austera pero cautivadora una vez que la audiencia se conecta con su tono.
La historia sigue a Mikey (Fred Hechinger) y Tom (Kit Connor), hermanos adultos que comparten una habitación en una granja remota. Tom se está preparando para partir al servicio militar en Corea, mientras que Mikey expresa su satisfacción con su vida tranquila. Sus padres, Lester (Ebon Moss-Bachrach) y Louise (Caitríona Balfe), proporcionan una sensación de “calidez familiar americana de antaño”, aunque pronto emergen tensiones subyacentes.
Se revela que Louise está luchando contra el alcoholismo, intentando ocultar su consumo a su familia. Mikey es el último en descubrir su hábito. Un viaje a un pueblo cercano pone de relieve el engaño de Louise, ya que bebe y luego miente al respecto. Lester, consciente del consumo de alcohol de su esposa, decide intervenir tirando su vino, con la esperanza de ayudarla a dejarlo.
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